Soltar para cambiar | Nuria Remus

Soltar para cambiar

¿Prefieres resignarte o te mueves para la Rendición hacia el cambio?

Estos días observo cómo ante lo evidente, lo que no puedo cambiar, lo que no puedo hacer que sea diferente porque no depende de mí, lo que depende absolutamente del otro o de un cambio de paradigma que no está en mis manos, o bien ante puras expectativas, me quedo en una revolución interna. Quedarme resignado ante ello no me sana, mientras que rendirme ante el hecho de que la vida es polaridad, luz y sombra en todo su esplendor me abre nuevas puertas a poder decidir dónde quiero estar yo.

Este momento por el que transitamos nos invita a mirarnos a nosotros mismos, y como terapeuta me encuentro con mucha queja, ya que esta confrontación hace evidente lo construido por cada uno. Algunas personas se quedan con la atención muy fijada en la falta, en la propia y en la de los otros, buscando obtener la seguridad, el control de todo, o recogiendo la propia fuerza de la aprobación en los demás, o de tener razón. Nos aferramos a nuestros pensamientos y creencias, y protegemos nuestras ideas y apegos, peleando constantemente por ellos.

La “rendición” es aceptar las circunstancias de nuestra vida, con lo bueno y con lo malo. Si algo no depende de mí, no desaparecerá por más que le dé vueltas a la cabeza (y esto no es lo mismo que acatar las vicisitudes de la vida con resignación y adoptar una actitud de victimismo). La Rendición es una puerta hacia la consciencia; es mucho más fácil que luchar. La pelea nos aleja del Amor, y a la vez nos vincula, ya que mientras estamos luchando con alguna situación que no podemos cambiar, nos mantenemos atrapados en ella y le seguimos dando energía. El Amor, en cambio, nos libera. Aceptar la situación tal como es, rendirse ante lo invariable, es lo más acertado para evolucionar y alcanzar la plenitud, y para poder ver qué aprendizaje hay ahí para mí, qué estaba negando y rechazando hasta ese momento.

Por ello, para entregarnos a la Rendición, debemos abrirnos al Amor, a la aceptación del otro tal y como es; saber y entender que cada persona tiene detrás hilos invisibles de sus ancestros y temas de vida personales que están en su Aquí y Ahora. Quizás no sabe encontrar otra forma, quizás no puede, no halla las herramientas internas para evolucionar, o tal vez simplemente no quiere ser ni actuar de forma diferente. Y, a la vez, debo preguntarme: ¿quién  soy yo para quedarme en el juicio sobre el otro? ¿Voy a perder mi energía durante tanto tiempo de mi vida en el enfado?

Dejar ir lo que no es como yo quiero es un acto de respeto hacia el otro y también hacia mí mismo. El aprendizaje también está ahí para mí: perdonar lo que ha sido, actualizar lo que es y perdonarnos también nuestros propios errores del pasado y no insistir en la culpa, en el “debería haber hecho esto o aquello”  o el “¿y si…?”

La culpa y los “y si…” solo son agujeros negros por los que perdemos energía, donde quedamos atrapados y anclados en la insatisfacción. La salud está en abrirnos a nuevas posibilidades, abrir nuevas puertas (mentales, emocionales, espirituales), cerrar agujeros del pasado, concluir y entrar en la Rendición absoluta que ha estado ahí por mi bien (por devolver energía, por aprender a poner límites)… Aprender a fluir y confiar, comenzar a abrirnos hacia algo nuevo abre puertas dentro de nuestro corazón. Imaginémonos que todo lo que creemos y todo por lo que luchamos no sea necesariamente verdad; así podremos contemplar la posibilidad de aceptar otra realidad. Tal vez, renunciando a nuestras ideas fijas, las que ya no nos sirven, encontraremos algo nuevo y, de esta forma, podremos hacer algo diferente y permitirnos una nueva oportunidad.

Deja de quejarte, de resignarte ante tu vida; es un buen momento para meditar, valorar, aceptar y abrazar lo que poseemos y dar las gracias por ello; para buscar la salud, primero la tuya, y expandirla hacia fuera… También para encontrar el valor para renunciar a lo que ya no te sirva, o para separarte de una situación, de una persona, de un lugar que no te conviene. Nosotros elegimos nuestra actitud; podemos escoger centrarnos en lo que hay o en lo que no, rivalizar porque tal persona o situación es de tal manera, o bien aceptarla como es. Cuando quedas anclado en lo que te hizo alguna persona durante años, ya no es esa persona el problema: ahora eres tú y tu anclaje. Actualízate, trabájate, mírate, confróntate, deja de mirar siempre fuera: gira los ojos y mírate a ti; es ahí donde encontrarás la fuerza.

La Rendición es, pues, aprender a vivir con lo que tenemos cuando no lo podemos cambiar y encontrar la fuerza para modificar aquello que sí podemos.

La vida no se detiene, no te detengas tú tampoco. Es tiempo de cambio, ¿te apuntas?

Si vas a utilizar este texto te agradeceré que indiques la autoría, ya que hay un tiempo y una energía propia en él.

Seguimos…

firma Núria Remus

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