Sanando mis raíces | Nuria Remus

Sanando mis raíces

SANANDO MIS RAÍCES

El término “Transgeneracional” no está recogido en los diccionarios (aún), ya que designa un concepto que empezó a usarse a partir del año 2006 a raíz de la publicación del libro Ay, mis ancestros, de Anne Ancelin Schützenberger.

Cada terapeuta tiene su manera específica de definir lo que significa “transgeneracional”. Para mí, significa todo aquello que he recibido de mi clan familiar, todo lo que mis antepasados me han transmitido, tanto bueno como malo, tanto aprendido como pendiente, y que me mantiene atado por hilos invisibles.

Todos tenemos un clan familiar, lo hayamos conocido o no, y estamos interconectados con sus miembros a todos los niveles: nuestras sombras, nuestra luz, nuestros destinos. Juntos formamos un campo cuántico, y tenemos acceso a esta información compartida aunque no seamos conscientes de ella; nos llega a través de las diferentes generaciones de nuestra familia, transmitiéndose de útero a útero, hasta el día de hoy.

Las ramificaciones de este legado son múltiples y pueden afectar a todos los ámbitos de la vida (nuestras relaciones personales y amorosas, trabajo, proyectos…), generándonos limitaciones, desamor, pérdidas… Lo transgeneracional se mueve sobre todo a nivel inconsciente, a través de esos hilos invisibles que nos unen a nuestro clan, atrapándonos en lealtades familiares que nos llevan a repetir destinos; el inconsciente nos gobierna.

Muertes, secretos familiares, abusos, pérdidas económicas, pérdida de dignidad… Estas experiencias  se convierten a menudo en herencias dolorosas, que los sucesores tomamos a nivel inconsciente por amor, por lealtad. El fantasma transgeneracional es una fuerza que toma a los sucesores de forma fuerte e inconsciente; el sucesor ve los efectos, pero no la fuerza invisible con la que es tomado.

Las vidas de los miembros del clan se mezclan, los destinos se entrelazan; somos miembros de una comunidad de destino,  un “Alma Familiar” que sigue un patrón: aquello que quedó inconcluso tiende a repetirse. Cuando un asunto ha quedado pendiente en la familia en el pasado, su estela se alarga hasta el presente, haciéndonos entrar en un bucle, en una repetición que nos mantiene anclados, y en ese repetir nos alejamos de nosotros mismos y de nuestra Misión de Vida.

El amor y la lealtad hacia nuestra familia es ciego y quiere salvar al Alma Familiar de forma inconsciente. En muchas ocasiones, el alma de la persona no está dispuesta a sanar. Como terapeutas, saber esto es importante, ya que en algunas ocasiones la persona no encuentra la forma de salir de su bloqueo vital. Entender que el fin es el amor (y por amor uno puede quedar completamente atrapado toda su vida por los hilos y la programación heredada) nos hace llenarnos de respeto hacia esa Alma Familiar.

Sanar también significa dejar de repetir, y en muchas ocasiones ser infiel al clan familiar. Coger la propia fuerza para hacerlo diferente, y responder a la vida con nuevos patrones dejando los viejos obsoletos, hace que la persona vaya recuperando su energía vital. El camino está en ver y honrar el dolor, aceptar lo que fue y respetar a nuestros ancestros, perdonar sus faltas y abrazar todo aquello que nos legaron, tanto lo pendiente como la fortaleza de la vida, porque de ello surgimos nosotros, porque todo constituye un aprendizaje para nuestra Alma, que ha venido a la Tierra para aprender y evolucionar.

Unos de los pasos más importantes de la sanación de un clan familiar es dar un lugar a los excluidos, a los abusos, lo callado, lo escondido… Al ir encontrando en nuestro corazón un lugar para lo que fue, hacemos un trabajo de aceptación de nuestro clan familiar, y así conseguimos aliarnos con las fuerzas de nuestro linaje, con nuestra fuerza vital, con la energía que nos inunda desde esa comunidad energética que existe entre todos los miembros de nuestra familia pasada y presente.

Al sabernos miembros de ese linaje, reconocemos y asumimos nuestro derecho a existir, a formar parte de un ente superior a nosotros mismos. El respeto por aquéllos que nos precedieron, con sus luces y sus sombras, nos aporta una nueva paz, en la cual encontramos el respeto por nosotros mismos y por aquéllos que vendrán después.

Al tomar nuestro lugar, surge en nosotros un nuevo impulso para que sigamos nuestro camino hacia nuestra propia vida y   desarrollo espiritual, siempre hacia adelante, sabiéndonos sostenidos por nuestro sistema familiar, que nos enseña y apoya.

Honrar y reverenciar lo antiguo, abrir el corazón  a nuestro sistema familiar, entender que cada persona llega con una misión y un aprendizaje. Hacer este trabajo curativo dentro de mí es también incorporar un nuevo código para mi sistema familiar: si yo sano, también libero parte de lo estañado y la energía empieza a fluir. Tomar nuestro lugar nos lleva a una nueva manera de estar en el mundo; nos aporta una nueva perspectiva acerca de nuestra historia y de nosotros mismos. Porque pertenecemos a un sistema en el que todos y cada uno de sus miembros son importantes, podemos reconocer nuestra propia importancia y ocupar el lugar que nos pertenece por derecho.

Si vas a utilizar este texto te agradeceré que indiques la autoría, ya que hay un tiempo y una energía propia en él.

Seguimos…

firma Núria Remus

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