Los duelos pendientes de los viajeros en Tránsito ante el COVID-19 | Nuria Remus

Los duelos pendientes de los viajeros en Tránsito ante el COVID-19

No existe mayor derecho para un ser humano que dejar su cuerpo e irse en Paz y Armonía en el momento del Tránsito.

La llegada del virus Covid-19 nos ha arrollado sin preaviso, encontrándonos desnudos y desprotegidos ante la salud y la muerte, llevándose consigo una parte del alma de cada uno de nosotros por la impotencia e incertidumbre que nos acompañan estos días.

En una sociedad a la que ya de por sí nos cuesta hablar de la muerte, nos estamos enfrentado a una realidad difícil de aceptar. Mueren seres queridos sin una despedida, sin un adiós; solo una llamada de teléfono anuncia a muchas familias que en ellas hay un miembro menos, un ser único e irremplazable, que marchan solos, y lo último que ven en esta realidad son personas que parecen extraterrestres cobijados en sus trajes para no ser contagiados.

Hemos visto imposibilitados los funerales, que son nuestro ritual de despedida a las Almas que traspasan y constituyen un acompañamiento cercano a los familiares y amigos… esa mirada, el abrazo, las palabras de consuelo. No nos estamos pudiendo despedir y los duelos están quedando interrumpidos.

La situación actual trae de la mano dos partes igual de importantes. Una de ellas, cómo despedimos y acompañamos a nuestros seres queridos fallecidos a la transición. La otra, cómo gestionamos los duelos dolorosos y difíciles que se nos presentan, quedando Gestalts inconclusas. Personas queridas que se van sin ser despedidas, con muchos “te quiero” sin decir, conversaciones pendientes, con proyectos a medias, sueños por cumplir…

Se me abre un profundo respeto ante el dolor de estas familias, cuya situación podría ser la nuestra propia en cualquier momento.

Nos toca abrir el corazón ante el dolor ajeno; ser compasivos y capaces de entender el dolor del otro nos hace más humanos ante la vida.

Os ofrecemos una mirada humana para poder usar las herramientas que tenemos en estos tiempos ante el dolor por un ser querido, amigo, vecino o conocido:

La tristeza y la rabia se hacen presentes en este momento; permítete dar un espacio a las emociones que se abren.

No hablar de ello no significa que no esté sucediendo. Pide ayuda por teléfono, busca conversar con seres queridos; ellos también son importantes y, aunque sean muchos los seres que transitan en este instante, el dolor en tu corazón se abre para ser atendido.

Si estás en negación, en enfado, y no puedes llorar, no te juzgues: la evitación forma parte de la autoprotección ante el dolor. Necesitas respirar, darte tiempo para aceptar lo ocurrido. No te trates mal a ti mismo, sé paciente y entiende que este momento es doloroso y que ahora necesitas tiempo para poder hacer frente a todas las emociones que se te hacen presentes.

La ausencia de contacto físico y acompañamiento, se puede nutrir con llamadas telefónicas. Hemos de atrevernos a decir a nuestros seres queridos que son importantes para nosotros, no te guardes ese “te quiero” o “te echo de menos” para otro momento. Que la propia muerte que nos visita nos traiga una apertura a lo importante de la vida.

Para continuar el camino del duelo también puedes hacer un gesto álmico: encender una vela, escribir una carta, poner un cojín con el nombre de la persona fallecida y hablarle, hacer un altar con sus fotos, decirle todo lo que te gustaría que recibiera de ti. Realizar un trabajo interno para conectarse con la persona que ya no está puede entregarnos una sensación de paz y de habernos despedido desde un lugar espiritual. Lo importante aquí es la no negación de lo que está ocurriendo en nuestra Tierra en este presente.

Cuando pase la pandemia, podemos decidir realizar actos de despedida para el ser querido. Sabemos que el dolor de no tener el cuerpo, de la distancia en el tiempo, no se puede remediar, pero podemos buscar recursos lo más humanos posibles para ir encontrando la forma de cicatrizar la herida que se ha abierto en nosotros.

La muerte y la vida son la polaridad. Es en este punto donde la muerte se puede convertir en un regalo, donde la consciencia sobre la muerte nos puede abrir a un espacio de agradecimiento y de respeto a la vida, a la propia y a la de los demás, que nos permita no olvidar que aún estamos aquí y que tenemos una misión por cumplir, abrir el corazón y ser mejor persona día a día.

Son momentos de introspección, de echar la mirada hacia uno mismo y conectar con nuestras emociones más profundas. Expresarlas es fundamental, y por eso quiero compartir con vosotr@s este texto que ha salido directamente de mi Alma.

Alma que viajas de golpe,
dejando seres queridos,
dejando sueños,
dejando proyectos que realizar.
Alma que te vas sin el último abrazo,
sin las últimas palabras,
sin un último adiós.
Te despido desde mi tristeza,
rezo por ti,
te deseo una buena transición de Luz.
Envío cariño a tus familiares,
deseo que desde el amor infinito puedas mandarnos Luz aquí,
todos estamos en la fila,
ahora o más allá en el tiempo,
y mientras no nos toque partir,
y sigamos con nuestro cuerpo en la tierra,
demos lo mejor,
que cuando partamos nuestra consciencia pueda irse en paz.
Suelta lo que ya no sirve,
ya no te servirá más,
la incertidumbre de la nueva realidad,
de la nueva era.
Todo nuevo, todo por hacer,
despertar colectivo.
El cambio está realizándose por dentro de cada uno,
el antídoto es el amor,
mientras muere algo de mí, y en ti,
algo que ya no quiero, no necesito más,
lo peor de mí se agota y sale.
Más Fe y conexión que nunca,
la sabiduría y la fuerza está en nosotros,
confío en la nueva realidad,
confío en la gran existencia,
confío en mí, confío en ti,
confío en el despertar de la humanidad.
Todos somos uno,
que caiga lo viejo,
lo nuevo está entrando ya,
nadie puede pararlo.
El amor es el antídoto,
abriendo nuestra consciencia,
estar comunicados con todos los elementos.
Escucha el gran espíritu en tu Alma,
en tu corazón, nos abrazan, nos sanan.
Tu sabiduría del Alma sabe,
cada uno forma parte del mismo plan,
el Respeto y el Amor son el poder de la sanación.

firma Núria Remus

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