Despertar de la Consciencia | Nuria Remus

Despertar de la Consciencia

Despertar de la Consciencia

Despertar, para mí, significa dejar de ser robots autómatas, dirigidos por el pensamiento colectivo normalmente sometido al poder, a la economía y al miedo, dejar de vivir con los ojos cerrados ante la propia vida que sucede a cada instante.

El Despertar no es igual para todos, y a la vez no es un camino fácil. Muchas personas creen que bajarán sus Guías y sus ángeles y les iluminarán hacia una existencia terrenal dichosa, llena de luz y de amor incondicional, y quedarán tocados por la gracia de Dios. Ojalá fuese así de sencillo, pero no lo es; nos tendremos que armar de constancia y voluntad para recorrerlo.

Es importante que sepamos que el Despertar de la conciencia conlleva un camino que está abierto para todos, aunque muchos se paralizan ante él. Es ver la propia sombra enfrente de ti, enfrentarte a tus zonas más oscuras y a tus miedos más potentes, ver el otro en ti, ver el dolor en ti, ver el daño en ti, ver el abuso en ti… romperte y levantarte, volver a romperte y volver a levantarte, así una y otra vez… Y de repente parece que estás arriba, viviendo en un lugar de paz y de amor interno que llena todas las áreas de tu vida y podrías quedarte siempre en este estado y… ¡¡zasca!! ¡¡Viene la vida y te manda otro pulso sin avisar, y te desmonta ese supuesto lugar tan lleno de amor y paz… pero así es el Despertar!!

Debemos renunciar a la idea mágica de que a través del camino espiritual se busca el positivismo, que todo es estar bien, pensamiento positivo y atracción de la abundancia. No puedo dejar de escribir que siento un rechazo interno por la Psicología positiva o el “querer es poder”; los mensajes de “no llores, la vida es bonita” o “tienes que ser feliz” anulan completamente el despertar de la consciencia. El camino del Despertar no consiste en conseguir todo lo que quieres; se trata de salir de ese paradigma de buscar estar bien y la felicidad constante. Al contrario, es posible que tu camino al Despertar no sea en absoluto fácil ni positivo; podemos en algunas ocasiones,  experimentar una cierta resistencia a reconocer nuestros mecanismos de defensa o a atravesar memorias internas que nos producen mucho dolor. Si quieres  sanar, encuentra la fuerza que  te ayude  a zambullirte dentro de ti, de tus zonas oscuras, y te dará la valentía para buscar la responsabilidad de tu propia vida, examinando todas las maneras que has inventado para engañarte a ti mismo. En este ímpetu reside tu fuerza, y desde él podrás encontrarte.

Estuve mucho tiempo buscando el buen padre fuera, y la madre también. Me dejé hipnotizar por grandes terapeutas o maestros, hasta que me di cuenta que seguía buscando fuera, pidiendo permiso para existir.  Estaba en fe ciega, tan inconsciente, buscando un lugar donde refugiarme; me sentía tan huérfana de padre y de madre que no podía poner los pies en esta tierra… hasta que me caí del todo, dejando morir a mi Ego ahogado por mi neurosis, traspasando el propio infierno que me destruía a mí misma. Y desde ahí, una vez más, imperfecta y humana, salgo al mundo, sabiendo que estamos aquí todos aprendiendo de todos, de la propia sombra primero, para poder acoger y abrazar las virtudes y la propia fuerza.

Antes de seguir, me gustaría expresar una verdad que aprendí de este trance:

Los que hemos vivido la experiencia mística de estar fundidos con el Todo,  corremos el peligro de buscar esta unión una y otra vez, de pasarnos la vida tratando de rememorar ese momento, que llegó sin avisar. Ese instante, en que la conciencia se abre de golpe, o paso a paso, y se cierra, aplastando nuestros Egos, es como un orgasmo: nos hace entregarnos a él absolutamente cuando llega, y nos proporciona un placer inconmensurable, tan enorme que creemos que nunca más podremos volver a experimentarlo.

Como el clímax sexual, es un momento que no podemos retener, efímero, fugaz, que debemos dejar fluir. Es, por tanto, muy importante que podamos abrirnos a esa experiencia de apertura de conciencia sin expectativas, sin metas, simplemente dejándonos llevar por su inmenso poder, sabiendo y celebrando que, cada vez que la vivamos, iremos expandiendo más y más nuestra conciencia.

Mi apertura de conciencia despertó las dos partes de mi ser: la oscuridad y la luz, y ha cambiado mi carácter; me he sentido tan diminuta, tan nada dentro del todo y a la vez tan conectada, que me ha hecho bajar la cabeza ante algo más grande, ante lo más bello: la vida. Mis experiencias con la oscuridad me han mostrado todo lo pendiente en mí, mis partes no sanadas, lo que no quería ver ni reconocer en mí misma: mis miedos, cómo me maltrataba a mí y a otros, mis traumas, heridas sangrientas, pérdidas de energía…

Y así es: viendo cómo yo contribuía a los males del mundo pude verme, aceptarme, reconocerme y ponerme a trabajar sobre mí misma, y allí sigo. Paso a paso, porque ello me lleva a despertar mi consciencia en el día a día, abriéndome a la sanación para darte lo mejor de mí, ya que yo soy yo, y desde mí llego a ti. Lo que te doy no está separado de mí, ni de ti: todos somos uno; si yo sano, te sano; si tú sanas, me sanas. Somos lo mismo, todo es energía; todo lo que sentimos, vemos, vivimos, la luz y la oscuridad, todo es una manifestación de lo mismo, de la misma consciencia. El velo cae, la separación no existe, iremos despertando a cada paso, cada uno a su ritmo…

Por último, a propósito de mi labor como terapeuta, quiero citar unas palabras de La locura lo cura,de Guillermo Borja, en las que reflexiona sobre la profesión:

“Es importante que un terapeuta tenga claro por qué quiere serlo. Por lo general, nos basamos en motivaciones vocacionales, sin pensar que dedicaremos a nuestra labor un tercio de nuestra vida y que es dentro de tales márgenes como vamos a desarrollar nuestra personalidad. También consideramos la identificación, con nuestro padre o algún familiar, lo cual es un acto psicológico.

Si decido ser terapeuta, aunque tenga la intención de ser el portador de la salud, más bien ya porto la estafeta de la enfermedad. Solamente la enfermedad puede llevar a la curación; lo demás son disculpas o intelectualizaciones. Uno solo puede ayudar cuando se reconoce enfermo.

(… ) Los terapeutas se la pasan negando su persona y queriendo ser terapeutas, pero lo cierto es que terapeuta es igual a persona. Dice Rogers que lo más difícil es convertirse en persona y que para ello hay que transformarse primero en monstruo. Ser monstruo es bajar a las profundidades (a aquellos sitios que alojan lo que anteriormente se consideraban problemas de moralidad o de orden espiritual y que en el siglo actual se denominan p​roblemas del inconsciente)”.

Borja G. (1995), La locura lo cura. Barcelona: Ediciones La Llave, p21

Este pequeño fragmento me recuerda que, para mí, mi oficio es mi vida. No me veo en ningún otro lugar ni practicando ningún otro trabajo que no sea el de acompañamiento a las personas. Desde este lugar, cada día encuentro más paz en mi alma y, con esta vocación, mi pasado cobra sentido. Solo si puedo acompañar a otros a no sufrir tanto o a encontrar caminos más rápidos, me puedo rendir ante la vida y ante lo que ha sido mi destino, con amor y respeto ante lo que es.

Abrir la consciencia es navegar en las profundidades de la propia oscuridad una y otra vez, cuando llegan las lecciones, para así reconvertirlas en patrones de luz. Sólo me queda rendirme ante lo evidente y trabajármelo, con la esperanza de que con cada uno de mis pasos pueda aportar algún valor nuevo a las personas que confían en mí para su proceso terapéutico. 

Gracias, Gracias, Gracias

Si vas a utilizar este texto te agradeceré que indiques la autoría, ya que hay un tiempo y una energía propia en él.

Seguimos…

firma Núria Remus

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